Bien pudo la pintura, muriendo este noble artista, morir ella también, pues cuando él cerró los ojos, aquélla quedó casi ciega.
En una época en la que los pintores empezaban a ser valorados como artistas y ya no como meros artesanos, Rafael Sanzio de Urbino fue un adelantado.
Dimensiones: 17 (alto) x 12 (ancho)
Nº de páginas: 80
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