Este estudio del inspector de educación Jiménez Castillo documenta con trabajo de campo la factura pedagógica que pasa la inmersión linguïstica y la introducción de la lectoescritura en los colegios en la lengua no materna de los niños. Plantea un debate sin visceralidad sobre la idoneidad de la inmersión y lamenta que el dogma identitario anule muchas veces el hecho docente.