Protege tus plantas del frío con un pequeño invernadero
El invierno es sinónimo de bajada de temperaturas que provoca heladas difíciles de superar por muchas de nuestras plantas. Para proteger las menos resistentes o las más delicadas, es decir, aquellas que no soportan el frío intenso, la nieve, el viento, la lluvia o el granizo, podemos instalar un pequeño invernadero en nuestra terraza, patio o jardín que las mantenga a salvo de estos rigores térmicos.
1. El efecto invernadero
Además de preservar las plantas de las inclemencias del tiempo, el invernadero es la herramienta adecuada para cultivar las que más nos gustan fuera de temporada, conseguir que crezcan más y más rápido, y mejorar su calidad. También sirve para ahorrar agua de riego, ya que transpiran menos al estar protegidas de corrientes de aire.
Los invernaderos son como pequeños hospitales de plantas enfermas, pero también sirven como perfectos semilleros. La característica principal de este espacio es que en su interior se genera una atmósfera artificial y controlada, es decir: un microclima idóneo para que estos vegetales se desarrollen sin contratiempos.
2. Cómo y dónde montar el invernadero
Elegir el lugar idóneo para instalar un invernadero es el primer paso para tener éxito con el cuidado de las plantas que situaremos en su interior. Esta estructura debe ser firme y segura, tener la necesaria ventilación, así como la altura adecuada para el desarrollo de los cultivos.
El invernadero debe montarse en un lugar estable, fijo y bien nivelado. Se ha de elegir la zona del jardín o de la terraza que esté protegida del viento y, en todo caso, poner este a su favor, no expuesto frontalmente a él. De esta manera no dañará ni el cristal ni el plástico ni la estructura cuando pase por sus aberturas de aireación. Además necesita situarse en un punto muy luminoso, pero sin que le dé directamente el sol.
Para cumplir con estos requisitos es clave optar por el invernadero adecuado, siempre en función del espacio con el que se cuenta para su ubicación. Desde los más pequeños, que se pueden poner sobre una mesa en un rincón de un balcón, hasta los más grandes, que pueden montarse en un jardín.
3. Cómo cuidar las plantas del invernadero
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Riego y plagas: El invernadero por sí mismo no nos asegura el cuidado de las plantas. Deben mantenerse las pautas de riego necesarias (dos o tres veces por semana), para lo que necesitaremos una regadera o un sistema por goteo. Igualmente hay que vigilar que no se produzcan plagas derivadas de las condiciones de temperatura que se dan en esta instalación, y en las que estas pueden proliferar.
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Poda y guías: Hay que realizar una distribución del espacio adecuado para el desarrollo de las plantas, y cuidarlo mediante la poda y eliminación de hojas mustias o secas, además de con la guía con tutores para que la vegetación que crece hacia arriba lo haga de la manera adecuada.
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Abono y ventilación: También se debe fertilizar moderadamente y estar pendiente de la tierra de las macetas y semilleros, para lo que necesitaremos unos guantes de jardinero, una pala y otras herramientas apropiadas. Al tratarse de un espacio cerrado, ha de ventilarse regularmente mediante la apertura de sus puertas o zonas abatibles. Durante el invierno es recomendable airearlo en las horas centrales del día, que son las más cálidas.
4. Qué plantas deben ponerse a cubierto
Cuando las temperaturas bajan de los seis grados hay que resguardar las plantas más delicadas o más jóvenes, las que acaban de ser plantadas o trasplantadas y las que necesitan calor porque sus orígenes están en latitudes más calurosas.
Entre las que precisan de invernaderos están las herbáceas delicadas o tiernas, los semilleros, los plantones, las trepadoras aún pequeñas, como las buganvillas, y las plantas de flor más delicadas, como por ejemplo, las orquídeas.
Además de las ornamentales, en el invernadero se pueden poner a salvo del frío hortalizas como acelgas, cebollas, tomates, rúculas y brócolis; frutas como la fresa o los cítricos; y aromáticas como la albahaca.
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