La Pascua sabe a chocolate
Los pequeños de la casa ya se están frotando las manos. Para ellos la Semana Santa supone la hegemonía de los huevos de chocolate que, año tras año, hacen las delicias de los niños.
La tradición exige esconder los huevos de chocolate por la casa para que los niños los busquen
No siempre fue de chocolate. El valor simbólico del huevo se remonta a la Edad Antigua, cuando el huevo era signo de fertilidad y se realizaban ofrendas a distintos dioses paganos al comienzo de la primavera (época que coincide con la Pascua cristiana) en los que el huevo tenía especial protagonismo. Estos huevos iban acompañados de pan, tradición que muchísimos años después, derivó en las monas de Pascua, bollos con huevos insertados. Las monas son tradicionales en buena parte del arco mediterráneo, las regalan los padrinos a los ahijados, aunque en Cataluña las monas evolucionaron en espectaculares tartas de distintos gustos y colores donde el huevo de chocolate luce como protagonista. Según el repostero José Luis Martínez, de la empresa Dulcemanía, dedicada a elaborar postres gourmet para el canal Horeca, “en Cataluña era costumbre hornear cocas con huevos duros incrustados en la superficie, que los padrinos regalaban a sus ahijados en la Pascua Florida o al día siguiente. Según la tradición, el dulce debía tener tantos huevos como años tenía el niño y con los años, los huevos pasaron a ser de chocolate”. Para Jordi Roca, repostero de Can Roca y cerebro de Rocambolesc, las monas fueron inspiración y adiestramiento. “Siempre he preferido hacer la mona en casa en lugar de comprarla. Preparé las primeras para mi ahijado Martí y me sirvieron para perfeccionar la técnica del chocolate. Luego las fui sofisticando utilizando el sentido del humor como hilo conductor”, recuerda. Los cocinillas pueden elaborar una original mona casera cocinando un bollo y, una vez frío, insertando pequeños huevos de Pascua, y rematando con alguna cobertura de nata. Con la colección de nueve huevitos de la firma chocolatera belga Neuhaus, maestros chocolateros desde 1857, la mona será excepcional. El huevo de Pascua, a secas, tiene más relación con una prohibición cristiana. Al parecer, hace muchos años, la Iglesia desaconsejaba su consumo durante la Cuaresma. Como es obvio, las gallinas, ajenas a preceptos religiosos, seguían poniendo huevos, y estos se conservaban. Al levantarse la prohibición el domingo de Resurrección, los acumulados se regalaban. Ofrecer una cesta de huevos frescos era un detalle, pero si además se pintaban se convertían en un vistoso regalo. La costumbre derivó en un juego de niños: por Pascua se vaciaban los huevos y se coloreaban, escondiéndose por los jardines y las casas para que los niños los encontrasen. O bien, se elaboraban con chocolate. En Alemania, Italia o Reino Unido la costumbre pervive. También en varios países latinoamericanos como parte de su herencia europea. En Francia, se cuenta a los niños que las campanas se van a Roma para que el Papa las bendiga y que, cuando regresan el domingo de Pascua, suenan y sueltan huevos y campanas de chocolate, golosinas que hay que encontrar. Más especial es el caso de Italia, donde tienen su propio dulce para estas fechas, la colomba pasquale. Muy parecido al panettone, este dulce con forma de paloma fue inventado en 1930 por el repostero milanés Dino Villani precisamente para aprovechar la maquinaria y los ingredientes que le sobraban después de las navidades. Hoy, marcas como Breramilano, Venchi o Galup alimentan esta tradición con colombas con ricos rellenos.
En nuestro país el seguimiento de esta tradición es algo desigual: no en todas partes se sigue el rito de esconder los huevos, pero lo que sí está claro es que los niños españoles los comen, y que disfrutan de lo lindo de estas delicias de chocolate. Los vistosos huevos y minihuevos de la firma italiana Venchi están elaborados con chocolate natural a partir de cacao procedente de América y África, con leche fresca y engalanados con llamativas coberturas. Venchi ofrece también conejos de chocolate (figura que también se asocia a la fertilidad) y, como novedad, peces de chocolate, una golosina que se arraiga también en la tradición italiana. Según cuentan desde la propia empresa, “en Italia, el 1 de abril es el día de las bromas, y la broma más habitual consiste en pegar en la espalda de alguien un pez de papel con el nombre escrito de Pez de abril. Como la Pascua este año cae el 1 de abril, nos pareció una divertida broma para el comienzo de la primavera”.
Venchi, L'Artisan de Chocolat y Neuhaus ofrecen productos de estética delicada y una gran calidad
Las firmas Neuhaus, Artisan du Chocolat y Venchi ofrecen huevos de Pascua que, por su delicada y lujosa estética o por el tipo de chocolate, son ideales para el consumo adulto. Neuhaus encandila con su huevo de Pascua Ballotoeuf: diseño y envoltorio hacen de él una auténtica joya, sin olvidar la sutileza y calidad del producto de esta mítica casa chocolatera.
Artisan du Chocolat propone un gallinero con seis huevos de chocolate con leche con yema de fruta de la pasión infusionado con tonka y otra media docena de chocolate negro con yema de soja tostada y sirope de arce con ganache Y para contentar a los paladares que requieren siempre sabores intensos, Venchi ofrece el Gran Gourmet Ciocaviar, un elegante huevo de Pascua de chocolate negro recubierto con crujientes pepitas de chocolate con una pureza del 75% procedente de Perú, Venezuela y Ecuador. Lástima que la Pascua no dure todo el año.
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