Una teja, cien palacios y mil almendras
Esta es la curiosa historia de unas tejas que no son cóncavas ni convexas, sino planas, artesanas, con acento gaditano y elaboradas al horno de piedra. Un dulce único, de producción limitada y familiar, que surgió casi por casualidad. “Todo empezó porque me enamoré de una panadera... Y mis suegros tenían una panadería”, recuerda José Manuel Ibáñez, creador de las famosas Tejas Cien Palacios.
“Trabajé en la banca toda la vida, pero en mis ratos libres y fines de semana hacía mis pinitos en el obrador: una quesada, unos bizcochitos, solo uno o dos kilos, para repartir entre los amigos”. Un día adaptó una receta francesa de las tejas de almendras y así surgió este dulce. “Cuando me retiré de la banca decidí dedicarme a esto, que no quiero automatizar: lo seguimos haciendo en familia, con los antiguos hornos de piedra de mis suegros, de forma artesanal”.
BANDERA PORTUENSE
Las Tejas Cien Palacios se han convertido en un símbolo de El Puerto, donde se encuentra su tienda-obrador, reconocible por los cientos de cajas de hojalata de diseños únicos que los clientes eligen para empaquetar sus tejas a granel. La receta, que se mantiene desde los años noventa, garantiza solo ingredientes naturales, sin conservantes ni aditivos de ningún tipo. El secreto está en la selección de las almendras, a las que se añaden claras de huevo, azúcar, harina y mantequilla, para después batir manualmente la masa y dar forma. No existen dos tejas iguales. Se moldean con una cucharilla, a mano, una a una, y se hornean a 130 grados durante algo más de media hora. El resultado son unas delicadas tortas de masa fina con almendras fileteadas, suavemente tostadas.
“No es un producto excesivamente dulce, sino que puede maridar casi con cualquier cosa porque el sabor de la almendra es protagonista. Además, las tejas pueden acompañar desde una tabla de quesos a una cata de vinos o gintonics, o incluso como topping para un helado”, concluye José Manuel sobre este pequeño y crujiente hito constructivo que emana alma gaditana y aire francés.
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