Oda a las fibras naturales en primavera: 6 materiales que no pueden faltar en tu casa
Cortesía El Corte Inglés
Si miras a tu alrededor, seguro que encuentras alguno: un cesto de mimbre, una alfombra de yute, una lámpara de rafia, un banco de bambú… Las fibras naturales llevan siglos formando parte de nuestras casas, pero nunca como ahora han estado tan presentes, tan a la vista y tan de moda.
Son orgánicas, bonitas, sostenibles y con alma artesanal, tienen todo lo que buscamos en decoración: son cálidas, ligeras, versátiles, resistentes… y capaces de llenar de encanto cualquier rincón, tanto en interiores como en jardines, terrazas, balcones y porches. Por eso nos gustan tanto para esta nueva temporada. En El Corte Inglés las encontrarás en infinidad de piezas del hogar: desde muebles robustos hasta objetos pequeños con ese punto artesanal que lo cambia todo.
El ABC de las fibras naturales
El ratán, un material que lo tiene todo
Es imposible que el ratán pase de moda porque siempre vuelve, se reinventa y se queda un ratito más. Ligero, fuerte, flexible y con un aire artesanal irresistible, esta fibra natural lleva décadas demostrando que nuestro idilio con él no es algo pasajero, sino que forma parte de un estilo de vida ligado a la tradición. Procede de una palmera trepadora del sudeste asiático, pero lo hemos adoptado como nuestro gracias a su capacidad para moldear todo tipo de muebles, desde sillas y sillones, hasta cabeceros, biombos, cestos, lámparas… ¿El truco? Se trabaja con calor, lo que permite darle formas curvas, crear trenzados o dibujar siluetas sinuosas que son pura poesía. Todo con ese look natural y fresco que consigue suavizar los espacios y encaja igual de bien en una casa de campo que en un piso de ciudad.
Eso sí, aunque es resistente, el ratán no es impermeable: conviene evitar su exposición directa a la lluvia o al sol intenso y prolongado. Para limpiarlo, basta con pasar un paño ligeramente húmedo o, si hay polvo entre las fibras, usar un cepillo suave.
Bambú, el que nunca se doblega
El bambú es fascinante: delicado a la vista, pero fuerte como pocos. Original de Asia y utilizado desde hace siglos en arquitectura, mobiliario y artesanía, destaca por su versatilidad y belleza serena. Como su estructura es hueca, consigue piezas increíblemente ligeras, pero muy resistentes, algo que lo convierte en el material ideal para crear muebles y objetos con una estética muy limpia, natural y con ese aire zen y tropical que llena cualquier espacio de calma. ¿Lo mejor? Es que encaja tanto en interiores como en exteriores, que resiste a los insectos y a la humedad, y es ideal para zonas de porche cubierto o terrazas protegidas. Solo hay que limpiarlo con un trapo húmedo de vez en cuando y evitar exponerlo a lluvias directas o al sol abrasador, para que conserve su color claro y su tacto suave.
Mimbre, flexible y con encanto
El mimbre tiene ese puntito nostálgico que nos lleva a la casa de los abuelos, pero también sabe vestirse de actualidad si la ocasión lo requiere. Es flexible, ligero, se teje fácilmente, aguanta bien el uso y se limpia con agua y jabón. Por eso, y porque llama al buen tiempo, nos parece perfecto tanto para interiores como para porches o exteriores. Su estructura entrelazada, tan característica, deja pasar el aire y la luz, lo que lo convierte en un material ideal para decorar sin recargar. Cada pieza trabajada a mano es única, y son esas pequeñas imperfecciones las que, precisamente, le dan su carácter y encanto.
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Yute, honesto y estiloso
El yute es de esas fibras que entran en casa y se quedan para siempre. Por su tacto, su resistencia, su aspecto orgánico, su versatilidad… y porque lo tiene todo para encajar en la decoración actual. Procede de regiones tropicales y crece con muy pocos recursos, lo que lo convierte en una de las fibras más ecológicas y de menor impacto ambiental. Su textura es ligeramente rugosa al tacto, de color tostado natural, con ese aire campestre que tanto nos gusta para vestir los suelos con alfombras de yute trenzadas (porque es un aislante estupendo), para dar forma a cestas, cojines, revisteros o incluso pantallas de lámparas. Además, equilibra los espacios, aportando una textura que rompe con superficies demasiado pulidas o uniformes. Es una fibra que aporta calidez, como si la naturaleza hubiera entrado en casa por la puerta grande. Es bonito por naturaleza y muy fácil de querer.
No los pierdas de vista: jacinto de agua y seagrass
Están por todas partes: en cestos, en taburetes trenzados, jarrones... Y no es casualidad. El jacinto de agua y el seagrass (o hierba marina) se han convertido en dos de las fibras naturales más buscadas y de moda en decoración. ¿El motivo? Son sostenibles, resistentes y bonitas. Ambas crecen en el agua (el jacinto, en lagos y ríos de América; el seagrass, en zonas costeras) y comparten una cualidad fantástica: sus tallos son gruesos, flexibles y muy resistentes, lo que permite crear tejidos trenzados de aspecto robusto. Esa combinación hace que sean ideales para piezas de gran uso que aguantan el ritmo del día a día. El jacinto de agua, en particular, tiene una textura más voluminosa y decorativa, mientras que el seagrass, tiene una veta ligeramente más fina y fibrosa.
Licencia para las fibras sintéticas
Están por todas partes: en cestos, en taburetes trenzados, jarrones... Y no es casualidad. El jacinto de agua y el seagrass (o hierba marina) se han convertido en dos de las fibras naturales más buscadas y de moda en decoración. ¿El motivo? Son sostenibles, resistentes y bonitas. Ambas crecen en el agua (el jacinto, en lagos y ríos de América; el seagrass, en zonas costeras) y comparten una cualidad fantástica: sus tallos son gruesos, flexibles y muy resistentes, lo que permite crear tejidos trenzados de aspecto robusto. Esa combinación hace que sean ideales para piezas de gran uso que aguantan el ritmo del día a día. El jacinto de agua, en particular, tiene una textura más voluminosa y decorativa, mientras que el seagrass, tiene una veta ligeramente más fina y fibrosa.
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