Cuenta el antropólogo Edgar Dacqué que al principio de los tiempos hubo una estirpe de hombres con un solo ojo en la frente, el ojo pineal, que en lugar de inteligencia poseían una gran intuición mágica. Los relatos truncados que integran esta novela pueden leerse como las visiones del último superviviene de aquella especie: la narración avanza a golpe de intuición, reúne ecos de historias, fragmentos de conversaciones, un mosaico de voces rotas.¬