Esto no va, como se repite por ahí, de que hay que mirar los pequeños detalles de la vida con una especie de pasión, o de descubrir con nuevos ojos que lo maravilloso está en lo minúsculo y que es nuestra sublime sensibilidad la que hace comparecer el arcano secreto de lo frágil y lo exiguo. Esto tampoco va de hacer grandilocuente la vida cotidiana. Creo, más bien, que es al revés: porque existe alguien Grande, lo pequeño se hace grande. Honestamente, una cerveza o la ropa tendida sólo