La lengua, lo más común a todos nosotros, lo más cotidiano, se transforma mediante la literatura en otra cosa ajena a la comunidad, a ese colectivo que ha ido fraguando la lengua de forma paciente y pocas veces a la ligera. La relación que establece en muchas ocasiones el lector con el texto es la misa que se establece entre el devoto y el sacerdote. La potencialidad de convertir cosas -las palabras- en símbolos es lo que fascina al lector. No son las cosas en sí, sino su estructuración o la novedad que traen estas consigo. La relación por tanto que se crea es misteriosa. El lector, al leer una determinada obra literaria, se convierte así en un iniciado que se mueve en las mismas coordenadas que lo hace el autor. Volvemos entonces a la veneración que se tenía a los poetas en el mundo árabe. Alabamos de los autores ese extraño don que tienen para conectar con algo más allá de la realidad.
Dimensiones: 21 (alto) x 15 (ancho) cm / Nº de páginas: 350