La infancia es un gato con hambre. Y también un disfraz subversivo. Uno se atolondra a veces. Pero también uno se atolondra cuando deja de ser niño, ante una mujer, un documento, una amenaza o una llamada impertinente. El asombro sirve para vivir, para que sepamos que no todos los portales son iguales, para que la sorpresa se convierte en una pelota de nieve que alguien nos lanza con cariño.
Dimensiones: 20 (alto) x 13 (ancho) cm / Nº de páginas: 88