Nuestro mundo, absolutamente antropocéntrico, se obstina en la necedad y la incoherencia de la vida humana: ideas impuestas de felicidad a toda costa y rechazo de todo pensamiento que sugiera frustración. Un «teatro del absurdo» donde lo lúdico se convierte en territorio exclusivo de una existencia dominada por pautas consumistas y degradadas que culminan en el «teatro de la crueldad»: el lugar donde el hombre canaliza su fracaso como proyecto humano mediante el maltrato animal y hacia sí mismo. Aquel célebre incidente de Nietzsche con el cochero que golpeaba a su caballo exhausto en la Plaza Carlo Alberto & inspirador de la película El caballo de Turín, de Béla Tarr & sirve a Alejandro Céspedes como metáfora para afirmar que dos fuerzas gobiernan el mundo: la maldad y el absurdo. No se engañen, el amor forma parte del absurdo.