El campo de concentración de Dachau, pocos kilómetros al sur de Múnich, es, por muy diversos motivos, uno de los símbolos de la barbarie nazi, de la deshumanización que esconden ciertas ideologías y del horror al que pueden llegar cuando se divinizan realidades como el Estado, la raza, el pueblo o el partido. Dachau tiene un signifi cado muy especial para los creyentes, ya que por allí pasaron cientos de sacerdotes y religiosos, más de 2700 (entre los que se encontraban dos obispos: el