Manuel Muñoz Hidalgo nos regala en Abadón una brillante alegoría, en la que se unen el Teatro dentro del Teatro, lo profano con lo sacro y el sermón con lo simbólico. En ella se dan cita los conflictos propios de los viejos Autos Sacramentales, ceremonias casi sagradas creadas para conmover los corazones de los pueblos y afianzar la majestad de un Dios benévolo, pero apaz también de ser inmisericorde portador del peor de los castigos. Estamos ante la obra ritual y preciosista de un cre