Cuando una verdad se abre camino hacia la conciencia, a veces lo hace de forma perturbadora. Quizás esto es lo que le pase al personaje de Otra cosa no queda cuando pierde el sueño una noche de verano. Y el saber de un deseo que le sorprende le indica el camino: un viejo álbum de fotografías. Allí localiza el testigo -imagen por imagen- de una verdad que pulsa por hacerse oír: los secretos familiares. Cada una coagula una historia que el autor despliega paulatinamente en una narrativa