Los mejores juguetes para niñas y niños de 2 a 3 años
Creatividad: Paula Martín del Río
El juego en la infancia no es una cuestión menor. Jugar “estimula el bienestar y el desarrollo positivo”, dicen en la Asociación Española de Pediatría. “Los niños y niñas que disfrutan de momentos para jugar crecen más saludables y desarrollan más plenamente sus capacidades cognitivas y físicas, el lenguaje y la interacción social”, añaden. Jugar implica estar activo, física y mentalmente. Supone tomar decisiones, participar y estar motivado.
Desde que el bebé nace los juguetes han de formar parte de su universo como forma de estímulo y como instrumento para desarrollar sus capacidades físicas e intelectuales. A partir de los 24 meses el pequeño deja poco a poco de ser un bebé para convertirse en un niño o niña. Hay determinados hitos del desarrollo que se alcanzan en torno a esta edad y que pueden servir como pauta para elegir los mejores juguetes adaptados a esta fase del desarrollo.
Qué tener en cuenta al elegir un juguete para 2 o 3 años
Para niños y niñas de entre dos y tres años es recomendable elegir juguetes que les permitan manipular, interaccionar, explorar y desempeñar su imaginación. Están especialmente indicados para esta etapa del desarrollo infantil los juguetes que estimulan la motricidad gruesa y fina, el lenguaje, la psicomotricidad, el razonamiento sencillo y las habilidades manuales. Algunas ideas son los juegos de imitación, cooperativos o en equipo; los juegos que plantean resolución de problemas sencillos; y los que introducen conceptos abstractos como los números, la ubicación espacial —dentro, debajo, detrás…— o los contrarios —grande-pequeño, alto-bajo…—.
En cuanto a la seguridad, es importante elegir juguetes que estén recomendados para la edad del pequeño y asegurarse de que el fabricante cumple la normativa establecida por la Unión Europea. Toma nota de los mejores juguetes para niños y niñas de dos a tres años.
Los mejores juguetes para niños y niñas de 24 a 36 meses
01.
Su primera bicicleta
No hay una edad exacta para empezar a pedalear, pero sí un modelo de bicicleta que estimula las habilidades físicas y la motivación desde una edad temprana.
Las bicicletas sin pedales, como la preciosa Balance First Go Forest de Banwood, estimulan la coordinación, la psicomotricidad y el equilibrio. Son la perfecta compañera de inicación en las dos ruedas. Una gran elección para animar la los niños y niñas a experimentar con el movimiento antes de dar el paso a una bicicleta de pedales.
02.
Un bebé para jugar a ser mamá o papá
Un muñeco en el que proyectar el amor, los mimos y los cuidados que el bebé recibe de sus mayores abre una ventana infinita en su desarrollo emocional.
Bañar al muñeco, darle la comida, cambiarle la ropita o mecerlo para que se quede dormido son gestos que suponen mucho más que un juego, pues estimulan la empatía, la responsabilidad, la imaginación y el lenguaje. Como la pequeña Loving Care Fantasy Nina de Bebés Llorones, una auténtica escuela de vida.
03.
Un disfraz para soñar
Un disfraz es el mejor folio en blanco para desarrollar el pensamiento simbólico. Meterse en la piel de alguien distinto a uno mismo (ya sea un animal, una persona o una criatura fantástica) ayuda a comprender la existencia del otro, una de las lecciones más valiosas de la primera infancia.
Pero no solo eso. Disfrazarse da pie a expresarse de manera libre, a poner de manifiesto gustos e intereses, a imaginar historias... En definitiva, a no dejar de soñar.
04.
Una mascota de peluche
Al igual que los muñecos, las mascotas son una excelente alternativa para que los niños y niñas pongan en práctica habilidades como la empatía, la responsabilidad y los gestos de cuidado.
Si una mascota de carne y hueso no es una opción, nada como sorprender al bebé con una de peluche a la que poder cuidar y mimar, como Blue Scruff a Luvs de Moose. Los juguetes-mascota estimulan un espíritu protector, fomentan la imaginación y el vocabulario y son un excelente aliciente para desarrollar la inteligencia emocional y la comprensión de nuestro entorno.
05.
Un pequeño mundo para explorar
Los niños adoran replicar en su cuarto de juegos los roles y situaciones que observan cada día en los escenarios reales de su vida cotidiana.
Una ciudad en miniatura, con sus habitantes, edificios y vehículos —como el Circuito Peppa Pig de Bandai—, aporta significado a las experiencias y dinámicas sociales que los niños procesan en su día a día. Además, les permite resolver pequeños problemas de la vida real y supone un genial entrenamiento para el desarrollo motor fino y grueso. Todo un mundo por descubrir.
06.
Un juguete para imitar a los mayores
Jugar a hacer las tareas domésticas, peinar a una muñeca, utilizar herramientas de jardinería o de bricolaje, jugar a las cocinitas o desempeñar las habilidades de cualquier oficio pone las bases de un profundo desarrollo cognitivo mediante la imitación de conductas adultas.
Este tipo de juegos permite que el niño perciba la realidad que le rodea como un universo lúdico lleno de estímulos para aprender, desarrollar destrezas y habilidades y superarse a sí mismo. Además, enriquecen su vocabulario y fomentan la socialización.
07.
Mucho más que plastilina
Amasar, moldear, retorcer, mezclar, combinar... Jugar con un set de plastilina como el Castillo de Helados DohKins de MGA brinda interesantes beneficios, como el desarrollo de la motricidad fina y la coordinación manos-vista. También estimula la creatividad, la concentración y la imaginación.
La plastilina es un vehículo perfecto para interiorizar conceptos esenciales como los colores, las formas, las texturas y los tamaños. Abre una puerta a la exploración artística y, para muchos niños y niñas, tiene un efecto relajante. Puro ASMR para todos los públicos.
08.
Un juguete de construcción
Los juguetes de construcción suponen el primer acercamiento del niño o niña a conceptos matemáticos y espaciales básicos. El ejercicio de añadir piezas, crear figuras o generar formas que antes no exixtían fomenta el pensamiento lógico y el cálculo mental.
El equilibrio, la simetría y la relación entre los elementos y su posición en el espacio son aprendizajes que se pueden interiorizar mediante bloques como los de Lego Duplo. Incluso enfrentarse a retos, como una estructura que se derrumba, puede ser una valiosa lección para que el niño aprenda a perseverar y a buscar soluciones.
09.
Un juego de mesa preescolar
Nunca hay que subestimar las posibilidades de aprendizaje y crecimiento que tiene reunirse en torno a un tablero que plantee preguntas y desafíos. Los juegos de mesa para preescolar estimulan la imaginación, la memoria, la atención o el desarrollo de problemas.
La dimensión social es uno de los verdaderos puntos fuertes de los juegos de mesa a cualquier edad. En la primera infancia, pasatiempos como Los Tres Cerditos de Goula fomentan el trabajo en equipo, la cooperación, la empatía y la comunicación.
10.
Una pizarra para garabatear
Una pizarra es un lienzo en blanco, un marco con posibilidades infinitas para dar rienda suelta a la imaginación, la creatividad y la fantasía.
También es un recurso pedagógico ideal para que los niños y niñas se familiaricen con las letras, los números, las formas geométricas, los colores y todas las dimensiones de la expresión plástica y artística. De tiza, de rotulador, magnética... Una pequeña superficie llena de posibilidades creativas.
11.
Diversión sobre ruedas
Coches que se deslizan, vehículos y camiones relacionados con oficios que el pequeño puede hacer corretear por el suelo portando personajes, mercancía, animales u otros objetos. Los juguetes con ruedas invitan a crear historias sin límite.
Palymobil lo borda con propuestas inspiradas en la vida real, como el Camión de construcción de Playmobil Junior. En una firme apuesta por la sostenibilidad, la línea incorpora más del 90% de plásticos de origen vegetal. Todo beneficios.
12.
Un juego de memoria
Una versión simplificada de los juegos de mesa son los pasatiempos de memoria como Identic Stitch Disney de Educa.
Los pequeños tienen que emparejar las fichas idénticas que muestran a los personajes de Lilo y Stitch. Este juego trabaja paciencia, refuerza la memoria visual y la capacidad de recordar patrones. Además, como se juega con otros niños y niñas, favorece el respeto por las reglas, la comunicación y la gestión de la frustración cuando se pierde una partida, así como otras habilidades sociales.
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