Cómo elegir la mejor música para estudiar y concentrarse
La escena se repite, generación tras generación. Un padre le dice a su hijo que apague la música, que con ese ruido es imposible concentrarse. El estudiante le replica que la música le ayuda, que estudia mejor con ella. ¿Quién tiene razón?
¿Cuál es la mejor música para estudiar, leer y memorizar?
Tras décadas de investigación, los especialistas han determinado que depende. Depende de la música que se esté escuchando, del volumen al que esté puesta y de la materia que esté estudiando. Incluso de la personalidad del estudiante. Las investigaciones al respecto son ambivalentes y matizan mucho sus conclusiones. El tema, de hecho, lleva analizándose mucho tiempo sin llegar a una respuesta clara.
Una investigación de los doctores J.G. Fox y E.D. Embrey intentó determinar en 1972 la relación entre las melodías y la productividad. A través de una serie de observaciones se registró un aumento de rendimiento de los trabajadores cuando escuchaban música. Sin embargo, hay que tener en cuenta que para el estudio solo se analizó a los trabajadores de un sector: el industrial. En las fábricas las tareas son repetitivas, previsibles y aburridas. En este contexto, la música actúa como un estimulante de la actividad. Aumenta la productividad al potenciar el bienestar de los obreros.
Muchas veces se ha oído que la música clásica es relajante, y por ejemplo el genero jazz-blues que en muchas ocasiones es puramente instrumental, también puede ser múscia inmersiva que ayude a concentrarse.
¿Cuál es el mejor tipo de música para estudiar?
Pero igual ahí se vinieron demasiado arriba. Estudios posteriores han puesto en entredicho el efecto Mozart. El que mejor lo hizo fue el estudio que consagró el llamado efecto Blur. Según este, quien escuchaba brit pop mejoraba las notas de sus exámenes. Los autores de la investigación no responsabilizaron a Damon Albarn de tener efectos mágicos sobre las mentes de sus fans. Concluyeron que la música no te hace más listo, hace que tu cerebro segregue dopamina, incrementando la felicidad y mejorando, de paso, la concentración. Y eso funciona igual con Mozart, con Blur o con J. Balvin.
Foto: Fragmento de portada del disco Blur”
O casi igual. Mozart tiene algo que los otros autores no tienen. O más bien al contrario, su música carece de algo clave: letras. La música, especialmente si es escuchada con auriculares, tiene el poder de evadirnos de otras distracciones. Pero una canción en sí misma es una distracción. Hay varios estudios que aseguran que la música puede distraernos del estudio, especialmente si es cantada. La comprensión lectora disminuye y somos más propensos a perder el hilo de lo que estábamos haciendo (especialmente si estamos escuchando un temazo y no podemos evitar cantarlo).
No solo la letra es importante. También el ritmo. Una sintonía simple y repetitiva no ayuda, pues resulta muy aburrida. Tampoco es recomendable irse al otro extremo y apostar por ritmos muy complejos y caóticos, como los del free jazz. Según algunos expertos, la clave está en encontrar el punto medio.
Un estudio de la Universidad de Oxford concretó esta melodía en los discos de James Brown, al tener sus canciones el equilibrio perfecto entre lo predecible y lo caótico. Otro, del investigador australiano Bill Thompson, concluyó que lo menos indicado era escuchar música rápida a mucho volumen. El ejemplo que ponía como negativo es el de la canción Shake it Off, de Taylor Swift al volumen de una aspiradora. Para no hacer feos a la intérprete estadounidense, diremos que sus dos últimos álbumes, mucho más pausados, son ideales para escuchar mientras se estudia.
Foto: Fragmento de portada del disco James Brown”
No solo importa la música, sino quién la escucha. Distintos estudios han concluido que la música afecta de forma distinta a personas diferentes. Así, una investigación de la Universidad de Glasgow asegura que la música distrae más a las personas introvertidas, mientras que aquellas más abiertas no pierden concentración con una buena canción de fondo.
Por otro lado, la materia que estemos estudiando también afecta al resultado. Las tareas repetitivas son las que más se benefician de un poco de música de fondo. Un estudio de la Universidad de Windsor, Canadá, aseguró este extremo comprobando los efectos en una pequeña empresa. Al finalizar el periodo de estudio, los trabajadores que habían escuchado música demostraron terminar sus tareas más rápido y con ideas más originales que los que trabajaban en silencio.
En este estudio se hacía hincapié en una idea clave que comparten casi todos los expertos: lo importante es que cada uno elija personalmente qué tipo de música le ayuda. Mozart te puede ayudar en tus estudios exactamente igual que James Brown, J. Balvin, Blur o Taylor Swift.
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