Brandy Mascaró: lo que el tiempo destiló
Entre tradición vinícola y arte del destilado, Mascaró ha forjado un legado de excelencia. Desde 1946, tres generaciones han preservado su esencia: una rigurosa selección de materias primas, respeto por los métodos tradicionales y una devoción inquebrantable por su herencia. El resultado de esta alquimia queda reflejado en cada botella, con un especial protagonismo de sus brandies. Entre ellos, el X.O. Ego sobresale por su elegancia, complejidad aromática y riqueza sensorial.
Elaborar un brandy excepcional no es solo cuestión de técnica: es una coreografía precisa de elementos y tiempo. Todo comienza en el viñedo, donde la variedad de uva y la composición del suelo definen el primer paso de una elaboración en la que nada se deja a la improvisación. Tampoco queda nada fuera del control de la familia, conscientes que solo con la atención puesta en todo el proceso, desde la cepa a la botella, el éxito se podrá garantizar.
Por eso, Mascaró emplea holandas de vino –aguardientes destilados por debajo del 70% vol.– elaboradas en sus propias instalaciones de Vilafranca del Penedés. Utilizan alambiques de cobre, el mismo método artesanal que se emplea en Cognac.
El envejecimiento es el gran escultor. En barricas de roble francés de 300 litros, la madera respira y transforma: impulsa una microoxidación que afina la estructura y suma matices al brandy.
Auténtica seda para una confección milimétrica antes de llegar al arte del blend: la mezcla precisa de holandas de distintas añadas (como mínimo, de ocho años) encuentra el equilibrio ideal; y el agua cierra el círculo, suavizando hasta alcanzar los 40% vol. característicos de todos los brandies Mascaró. El Master Blender supervisa cada paso: custodio del saber, guardián del detalle.
El carácter del X.O. Ego nace de la combinación de uvas de la variedad macabeo, que aporta fruta y frescura, y xarel·lo, que suma cuerpo y estructura. Dos leyendas arraigadas al territorio del Penedès desde tiempos inmemoriales. “Es una joya para disfrutar en varios tiempos, un brandy amplio y profundo, lleno de matices por descubrir y un cigar blend perfecto para los amantes de los mejores habanos. Cautivará a los bebedores más experimentados, desvelando toda su complejidad”, destaca Montserrat Mascaró, de la tercera generación de la familia.
Para apreciarlo en todo su esplendor, lo ideal es servirlo en copas pequeñas, como dicta la tradición de la región de Cognac, a una temperatura de entre 16 y 18°C. Así, sin alterar su equilibrio, se despliega su complejidad aromática y se rinde homenaje al arte de la espera. Una liturgia que detiene en cada trago a años de espera para inmortalizarse detrás del cristal.
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