Forn Mariu, un obrador con cariño y harina del mismo costal
La paciencia es al pan lo que la buena narrativa a las grandes sagas literarias: imprescindible. De ambas tiene mucho la tahona Forn Mariu, cuyo origen se remonta al año 1943, cuando se puso a amasar en Ibi (Alicante) el abuelo Pep. Hoy, su nieto, Carlos Mariel Albert, junto a su hijo Santi y la mujer de este, Eva, continúan la tradición, elaborando pan 100% artesanal que podrás encontrar en los Club del Gourmet de la provincia de Alicante.
Santi y Carlos Mariu.
Sin aditivos, con fermentaciones largas y masa madre de cultivo, en busca de un pan más nutritivo, saludable... “y, por supuesto, que esté muy bueno”, exclama Carlos. “Primero tienes que amar lo que haces. Es una satisfacción indescriptible cuando los clientes, algunos de lugares muy lejanos, nos dicen que el pan les sentaba mal y con los nuestros han vuelto a disfrutarlo”.
“Nuestra apuesta –continúa Carlos Mariel–, es fruto del aprendizaje que he tenido la suerte de adquirir por todo el mundo y que he transmitido a mi hijo Santi”. En su caso les marcó la metodología de la prestigiosa escuela suiza Richemont, donde también es profesor además de presidente del Club Richemont en España.
“Adaptamos las fórmulas a la demanda de panes naturales, sin aditivos y con masa madre, respetando las tradiciones y mejorando los procesos”. Entre sus elaboraciones más apreciadas se encuentran el pan Mariu, que lleva el nombre de su madre y su abuela, y la barra Eduard, homenaje a su amigo Eduard Crespo, de Fleca Balmes (Barcelona).
Junto a esos dos hits también florecen panes de semillas, de centeno, de espelta, de trigo sarraceno o las clásicas cocas, imprescindibles en los obradores levantinos. Y entre los dulces que elabora Santi, de la siguiente generación, sobresalen sus panettones, ensaimadas, cocas de almendra o croissants. Un tesoro bien amasado.
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