El jardín de las delicias se llama Mermeladas Lorusso
Amparadas por la luminosidad de Almería, entre huertas abiertas al Mediterráneo y cultivos ecológicos que maduran lentamente al sol, nacen las mermeladas de Lorusso. Tarros en los que la fruta conserva todavía su sabor verdadero, y donde cada receta narra historias del paisaje del que procede.
La historia de Lorusso está marcada por el mar Mediterráneo y el destino. La peripecia hispano-italiana de cuatro socios unidos por el azar, el viaje y el amor por lo artesanal: Isabel Martínez y su pareja, el italiano Biagio Lorusso; el hermano de Isabel, Paco, y Carlo, un amigo genovés, instalándose los tres primeros en el pueblo almeriense de Chercos. Desde allí elaboran mermeladas ecológicas que reivindican el origen, el tiempo y la autenticidad.
“Trabajamos con productores ecológicos de confianza y apostamos siempre que podemos por materia prima de proximidad”, explica Isabel Martínez. Muchas de las frutas y hortalizas proceden de la provincia de Almería; otras llegan desde distintos puntos de Andalucía, seleccionadas en su punto óptimo de maduración. Mangos, cerezas, naranjas o pimientos pasan del campo al obrador con una obsesión clara: conservar intactos sus aromas y matices naturales.
Las producciones son pequeñas, y cada receta contiene un 85% de fruta, además de cerca de un 40% menos de azúcar que las mermeladas tradicionales. Además, aquí solo usan azúcar de caña. “Buscamos sabores auténticos, intensos y equilibrados, alejados de productos demasiado industrializados”, señala Isabel. El resultado son texturas limpias, menos empalagosas y con una intensidad poco habitual, donde la fruta mantiene todo el protagonismo.
La cereza transforma una tostada con queso de cabra y rúcula fresca. Y la de pimiento, una de las variedades más sorprendentes, eleva desde una burrata hasta una focaccia recién horneada. En cada tarro, de 175 y 305 gramos, hay algo más que fruta cocida a fuego lento. Hay paisaje, oficio y una manera serena de entender el lujo gastronómico.
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