Ginebra Vánagandr, un trago desde Galicia con premio
Es la alquimia que Enrique Pena oficia en Cambre, un concello a las afueras de A Coruña, la que acaba por beberse. A este biólogo de formación no es difícil encontrarle destilando, encerrado en su propia fábrica desde primera hora. Tras macerar los botánicos, controla cada parámetro en su alambique de cobre. Así prepara el próximo lote de Vánagandr, una ginebra London Dry multipremiada que además esconde una historia de antiguos mitos nórdicos.
“Siempre quise tener mi propia destilería”, cuenta Enrique, recordando que la montó en tiempo récord mientras desarrollaba la receta. Le gustaba tanto la producción que dejó su trabajo de consultor para fundar en 2014 esta pequeña sociedad con su mujer y ver nacer la marca al año siguiente. Aupado aún en la ola de las ginebras, este proyecto es diferente: “No hacemos producto para terceros y tenemos vocación de futuro”. Vánagandr no es una inversión, sino su día a día, “un estilo de vida”.
UNA 'LONDON DRY GIN' CON ACENTO GALLEGO
“La magia está en el proceso, en el cuidado de la destilación, que tiene que ser siempre igual”, explica Pena. Es uno de los secretos de un tipo de ginebra que exige el mejor alcohol de trigo procedente de Italia, una selección de botánicos naturales y no rectificar ni añadir aditivos. También optar por un alambique tradicional “siguiendo el poso de destilación de Galicia”. Su pequeña producción artesanal alcanza este año las 8.000 botellas, todas numeradas. “La gente se sorprende cuando ve nuestra etiquetadora manual”, confiesa.
Aunque afianzada en el mercado local, es una ginebra que se exporta a México, Australia, Francia, Alemania o, sobre todo, Estados Unidos. La quieren el público y los jurados de cata internacionales: Vánagandr acumula una veintena de premios; el último, el de Mejor London Dry de España en World Gin Awards.
LA FÓRMULA REDONDA
En el sabor de toda London Dry debe predominar el enebro. Pero la fórmula perfecta lleva trabajo. “He intentado que sea redonda y compacta, para que ningún sabor sobresalga”. Es, además, una ginebra compleja en la que se suceden las capas: “Una fresca a enebro, cardamomo y regaliz, y luego, en boca, cítricos y especias con un poco de pimienta. También tiene cuerpo por su carga de aceite esencial, y porque no la diluimos salvo para dejarla en 43º”. Al final, el regusto es cálido para un gin-tonic cuyo perfect serve practica el propio Enrique Pena: “5cl de ginebra y 20cl de tónica neutra, con una tira de lima”, que puede sustituirse por ginger ale, un golpe de Angostura y twist de naranja. “Lo recomiendo para una terraza soleada”.
Pero Vánagandr añade una estética rompedora. “Solo una marca pequeña se puede permitir algo tan radical”, reconoce. Su fascinación por los malos y la mitología nórdica le llevó a elegir al lobo causante del Ragnarök, la caída de los dioses, como imagen de su ginebra, y al ilustrador David Pintor para llevarla a cabo. “La etiqueta gusta y tiene esta historia para contarla mientras te bebes un gin-tonic”.
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