5 lugares, 5 picnics: los accesorios que necesitas para un planazo al aire libre
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La vida que gira alrededor de una mesa llena de gente siempre sabe mucho mejor. Y si esa mesa la trasladamos al exterior y ponemos la naturaleza como telón de fondo, se convierte en una experiencia memorable. Los picnis son primavera, verano y disfrute; una palabra que por sí misma ya evoca sensaciones idílicas. La buena noticia es que esas sensaciones que parecen difíciles de experimentar en la vida real, pueden aterrizarse fácilmente con buenas ideas. Por eso, hoy te proponemos 5 formas de vivir la vida al aire libre, en 5 lugares diferentes y con 5 picnics adaptados a tu plan favorito. En pleno campo, en el mar, en la montaña, en la piscina o, ¿por qué no? en la terraza de casa. Seguro que alguno encaja contigo. Eso sí, antes de lanzarte, hemos de recordarte los básicos que hay que tener en cuenta en cualquier picnic que se precie, sea donde sea. Toma nota:
- Una nevera ligera y fácil de mover
- Un buen asiento adaptado al plan: ya sea un mantel con cojines, una silla baja, una tumbona o una silla plegable.
- Una vajilla resistente: con platos de melamina y vasos de acrílico.
- Bolsas o carritos que te ayuden a transportar todo sin mucho esfuerzo.
- Una buena iluminación puntual, con carga solar y luces LED.
- Tabla de cortar, un buen cuchillo y un sacacorchos, porque siempre es buen momento para brindar.
Ahora solo queda disfrutar al sol, en buena compañía y sin complicarse demasiado. ¿Te apuntas?
El picnic más clásico (e idílico)
Cuando hablamos de hacer un picnic, se nos viene a la cabeza la imagen de un mantel de cuadros extendido a la sombra de un árbol (buena noticia: lo tenemos) y la clásica cesta de mimbre que, en este caso, la encontrarás completamente equipada. Incluye el menaje para cuatro personas: platos de cerámica, cubiertos de acero inoxidable con mango blanco, copas de plástico y hasta un práctico sacacorchos. Si se apuntan más personas al plan, siempre podéis completar el menaje con el modelo floral Firenze, de melamina y con contorno ondulado, muy bucólicos, y unos vasos de acrílico, como los Adaia, que encajan perfectamente y no se rompen. ¿Y las servilletas? mejor en papel, y si son de vichy como el mantel, mucho mejor.
Sentarnos sobre el césped siempre es una idea idílica, aunque no siempre práctica. Por eso, puedes sumar un plus de confort con unos cojines de fibras, ligeros y con asa. Aunque son para sillas, funcionan de maravilla sobre el suelo. Y, por supuesto, que no falte una mantita por si refresca. Nos gusta la idea de mezclar cuadros y flores con rayas. Este diseño en tonos pastel combina con la neverita portátil de estilo vintage, otro clásico que no puede faltar. Un último recordatorio: no olvides una tabla de madera para cortar: además de práctica, puede hacer de bandeja improvisada para presentar quesos o embutidos y completar este escenario tan apetecible.
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Saca tu lado explorer
Si lo tuyo es cambiar el césped por senderos, desniveles y aire puro, entonces el picnic se convierte en parte de toda una expedición. Aquí no hay postureo: todo tiene una función y responde a una idea clara: moverse ligero, llegar lejos y montar un pequeño campamento donde apetezca parar a reponer energía. El verde militar tiñe todo el conjunto, integrándose con el paisaje. Pondremos una mesita baja plegable y unas sillas ligeras que se montan en segundos. La comida viaja bien protegida en termos y en una nevera portátil de lona, mucho más liviana que las rígidas. La mochila incluye todo el menaje necesario para transportarlo fácilmente. Incluso, la manta de picnic juega en otra liga: es impermeable y se pliega hasta convertirse en una bolsa con asas, lista para colgarla y seguir caminando (si no quieres acarrear con todo, el carrito plegable te resultará de gran ayuda).
Cuando cae la luz, será perfecto hacerse con un foco con carga solar que predica con ese espíritu sostenible que define a los amantes de la naturaleza. Y si el sol aprieta, una sombrilla con protección UPF 50+, se mimetiza con el entorno mientras crea una sombra agradecida. ¿Lo mejor? Incluye cortinas laterales, piquetas y vientos para anclarla bien. Aquí, el confort es cuestión de previsión.
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Mirando al mar
Pocos planes compiten con ese momento en el que sales del agua, te secas al sol y te sientas a comer bajo la sombrilla con sal en la piel y hambre de verdad. Aquí el centro de todo no es una mesa, es un gran pareo en formato XL extendido sobre la arena convertido en punto de encuentro. Alrededor, sillas plegables bajitas que invitan a alargar la sobremesa. El color también lo ponen las míticas bolsas de loneta, la neverita —un imprescindible absoluto de todo plan de playa que se precie— y el menaje: platos de melamina y vasos de acrílico, como los modelos Vacances y Bali, con palmeras, rayas y ese aire refrescante que pide el verano. Las servilletas, mejor de papel (aquí no estamos para complicaciones), y los cubiertos en sets de tres con su propia funda, fáciles de llevar y de usar. Es un picnic desenfadado, cómodo y muy de verdad, pensado para compartir, mancharse un poco de arena y repetir hasta que caiga el sol.
Pool party
Vamos a proponerte un picnic diferente. Esta vez, alrededor de una piscina. Empieza bien, ¿verdad? La idea es cambiar el concepto: en lugar de una única mesa, ¿por qué no crear pequeñas estaciones? Sobre mesitas de madera plegables, ligeras y fáciles de mover, puedes organizar distintos corners que invitan a levantarse, picar e interactuar.
Por ejemplo, una estación para aperitivos, con cuencos llenos de snacks; otra con picoteo ligero presentado en platos bonitos —la vajilla Arrecife encaja perfecta, con ese guiño marinero tan refrescante—; y otro destinado únicamente a las bebidas. Aquí no puede faltar un buen dispensador con limonada bien fría, siempre listo para servir. Para acompañar, copas y vasos que sigan ese aire veraniego, como el modelo Coral de acrílico, o las copas de gin-tonics, también de este material resistente, por si la tarde se alarga (que se alargará). Para degustarlos bien fresquitos no pierdas de vista los hielos de acero a prueba de calor. Tan solo faltan unas tumbonas elegantes —las Baiona son perfectas—, cojines para sentarse alrededor de la piscina y unos faroles de carga solar colocados estratégicamente. De la música, ya te encargas tú.
Picnic urbanita
Según la Real Academia Española, un picnic es “una excursión que se hace para comer o merendar sentados en el campo”. Sin embargo, vamos a permitirnos una pequeña licencia para los que quieren disfrutar de la vida al aire libre desde casa, porque las terrazas urbanas también pueden convertirse en el mejor picnic improvisado. El punto de partida es una mesa extensible como la Chicago —ya sabemos que los amigos con terraza siempre están preparados para visitas inesperadas— y unas sillas plegables como las Manhattan por si hace falta un sitio más.
Para evitar el clásico ir y venir a la cocina, tenemos un truco: un carrito-nevera. Con capacidad de hasta 75 litros, mantiene bebidas y comida a la temperatura perfecta y suma almacenaje extra en su repisa inferior. Vamos un paso más allá con una minibarbacoa portátil: no renuncies al sabor de unas buenas brasas ni al placer de hacerlo en casa. Tampoco olvides las pinzas y una bandeja resistente donde ir dejando todo lo que se va cocinando. Y de ahí directo a la mesa, decorada con manteles individuales y una ensaladera bonita. La ventaja de jugar en casa es clara: puedes cuidar más la presentación. Y como estas comidas tienden a alargarse mucho, hazte con una lámpara portátil de diseño, creará un ambiente realmente acogedor.
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