Vasily Petrenko y la Royal Philharmonic Orchestra alcanzan nuevas cotas musicales con «Una sinfonía alpina», una de las partituras más espectaculares jamás compuestas para orquesta. Este fresco monumental, inspirado en los Alpes bávaros que tanto amaba Strauss, es la cumbre por excelencia de los poemas sinfónicos: un fascinante álbum de imágenes en el que la naturaleza se erige como metáfora de la propia existencia.