Sulayr, el tomate granadino que recupera el sabor y el alma del auténtico tomate
¿Por qué el tomate ya no sabe a tomate? Esta queja doméstica, repetida por tantos consumidores, fue el germen que llevó a la empresa Fruticatessen a la búsqueda obsesiva del sabor. Cuarenta años de estudio, observación, perfeccionamiento y cultivos a través de diferentes técnicas en la costa tropical de Granada han dado su fruto, nunca mejor dicho: el Tomate Sulayr®, una variedad capaz de emocionar gastronómicamente gracias a su fuerte personalidad organoléptica.
Parte del éxito de dicho producto depende en gran medida del entorno subtropical del que goza Motril, localidad en la que se producen: “La combinación de luz, humedad, temperaturas suaves y cercanía al mar crea unas condiciones excepcionales para el cultivo del tomate”, admite Mara Férrez, CEO de Fruticatessen. “La diferencia con lo que se hace es que nosotros tenemos una producción muy controlada y limitada y hacemos la recolección en su punto óptimo de maduración, de manera manual y muy estricta”.
En boca, todo esto se traduce en una entrada fresca y ligeramente ácida para seguir con una sensación crujiente y terminar con un dulzor profundo con matices de glutamato natural (umami). Aunque Sulayr® tiene un comportamiento excelente en cocina, su mejor versión aparece cuando se respeta su naturaleza: crudo y a temperatura ambiente, con un buen aceite de oliva y una escama de sal. Si el tomate sabe a tomate, ¿para qué añadirle nada más?
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