Casa Madero, la bodega mexicana de un Nuevo Mundo que viene de lejos
A veces, la división entre los vinos del Viejo Mundo (Europa) y del Nuevo Mundo (América, Oceanía, África) genera ideas preconcebidas sobre antigüedad y bisoñez que saltan por los aires cuando se conocen historias como la de la bodega mexicana Casa Madero.
Hay que remontarse hasta 1597 para fijar la fecha de su fundación. “Tenemos un documento firmado y sellado por la corona española, en concreto por el rey Felipe II, que es quien en aquel momento da la primera merced de tierras a un señor llamado Lorenzo García”, explica Daniel Milmo, propietario actual de Casa Madero, el proyecto vitivinícola más antiguo del continente americano. De eso no hay duda.
Las vides primigenias se plantarían en Santa María de las Parras, en lo que hoy es el estado de Coahuila. Nacía así la Hacienda de San Lorenzo, ubicada al pie de la Sierra Madre mexicana. “Estamos a 1.450 metros sobre el nivel del mar. Es una zona semidesértica, pero tenemos una buena amplitud térmica. La escasez de lluvia se compensa con el agua de manantiales naturales y usando riego por goteo en todo el viñedo”, cuenta Milmo.
El clima es determinante para conocer el perfil de los vinos de Casa Madero. “Los tintos son corpulentos y con mucho color, mientras que los blancos tienden a ser muy aromáticos, con notas tropicales. También les otorga carácter el tipo de suelo, calcáreo. Antes todo esto era mar, por lo que resulta frecuente encontrar fósiles de conchas. Eso también hace que tengan una mineralidad muy interesante”, resume Milmo.
En sus vinos juegan con la mezcla de variedades. Por ejemplo, en el tinto 3V conviven la cabernet sauvignon, la merlot y la tempranillo. “En este caso, el ensamblaje de uvas permite conseguir un tinto que no tiene taninos demasiado potentes y es perfectamente disfrutable incluso en el aperitivo”, cuenta Milmo. El blanco 2V hace el mismo juego con la armonía lograda por la chardonnay y la chenin blanc. “Cuenta con las dos uvas que mejor se adaptan a nuestra zona, por lo que desarrollan todo su potencial aromático.
Además, resulta ligero, fresco y fácil de beber”. Los vinos de Casa Madero han seducido a figuras con tanto peso como Josep Pitu Roca, el sumiller de El Celler de Can Roca (Girona), que ha incluido alguna de sus referencias en la carta del restaurante. Otro logro para una bodega que desafía más de un cliché secular, a poco que uno se acerca a sus vinos.
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