Dulces con acento
Es un clásico para la primera vez que se visita Londres. El tan famoso té de las cinco que los muy british denominan afternoon tea tiene un templo y los neovisitantes de la capital británica se fijan un objetivo: acudir a él. El templo no es otro que Fortnum & Mason, grandes almacenes que se fundaron como tienda de comestibles de lujo en 1707, y donde hoy en día se puede degustar el mejor afternoon tea de la ciudad, en una imponente sala noble, la Diamond Jubilee Tea Salon que, antaño, formó parte de la residencia particular de la familia Fortnum, y que fue inaugurada en 2012 como salón de té por la reina Isabel II con motivo de su Jubileo de Diamante, de ahí su nombre. El famoso Fortnum & Mason se halla en Picadilly Circus y según fuentes de los almacenes, “Todo aquel que cruza nuestra puerta, recordará su primer encuentro con nosotros: a lo largo de nuestra historia nos hemos comprometido a proporcionar una sensación de placer a cualquier persona que venga”.
Hugh Mason, empresario de alimentación, y la familia Fortnum fundaron la tienda en pleno Picadilly. Un comercio que pronto fue parada obligada para las clases más pudientes. Su buena localización en la ciudad –estaba situada en zona de paso de viajeros rumbo al oeste– propició una gran idea: ofrecer comida para consumir en el camino. Así, idearon el famoso Huevo Escocés, un huevo duro envuelto en carne de salchicha, rebozado en pan rallado y frito, un tentempié sabroso y nutritivo que hizo furor entre los viajeros y que sigue siendo muy demandado.
A finales del siglo XVIII, Fortnum’s (coloquialmente conocida así) se convirtió en oficina de correos con buzones cuyas cartas se recogían seis veces al día. El servicio atrajo a miles de personas, entre ellos soldados y marineros. No acabó ahí la relación con el ejército. A mediados del siglo XIX, durante la Guerra de Crimea, Fortnum’s puso su granito de arena para apoyar a los soldados británicos. La historia cuenta que durante esa contienda se produjo un hito mundial: por primera vez hubo reporteros que cubrieron el frente dando a conocer las terribles condiciones de los soldados. La desafortunada carga de la Brigada Ligera conmocionó al país y la Reina Victoria cursó la petición a Fortnum’s de “enviar sin demora té y alimentos para los soldados”, una petición que Fortnum’s atendió sin discusión alguna.
Fue justo en la época victoriana cuando Fortnum & Mason se convirtió en proveedor principal de la realeza. Durante este reinado, Fortnum’s lideró la venta de alimentos enlatados, un liderazgo que se reforzó la alianza con la americana Heinz, que elaboraba unas exitosas judías horneadas presentadas en lata, aíun hoy un best-seller.
Siempre ligada a la Corona británica, en 1902 el rey Eduardo VII lanzó un reto a la compañía: “Traedme el mejor té de toda la Tierra”. Los grandes almacenes comenzaron su búsqueda por todo el planeta. A base de Assam de la India y Flowery Pekos de Sri Lanka, además de un toque de miel, surgió el té Royal Blend que, después de un siglo, permanece entre los más vendidos. Una variedad que ya se puede adquirir en el Club del Gourmet en paquetes de 25 bolsitas o en latas de 125 gramos.
Durante la I Guerra Mundial, Fortnum & Mason garantizó el puesto de trabajo a su vuelta a todos los empleados que hubieran sido llamados a filas. Mientras estaban en el frente les enviaron periódicamente cestas llenas de alimentos, unas cestas que, años después –y más lujosas–, en 1922 llegaron al Everest. En ese mismo año, se creó un departamento de ‘Expediciones’ que enviaba menaje y productos gourmet al corazón de África y al Himalaya. La expedición al techo del mundo no hubiera podido comenzar (ni culminar) sin 60 latas de codorniz con foie gras y 48 botellas de aquello por lo que guerreó Churchill: “Recuerden caballeros, no es Francia por lo que luchamos, es por el champagne”.
Pero la historia también se escribe en estos días. En 2014, casi anteayer, crearon los primeros Premios de Alimentos y Bebidas. A decir de los almacenes, “ya era hora de celebrar a todas aquellas personas que comparten nuestra pasión por perseguir lo extraordinario”. Entre el jurado de alguna edición, uno de nuestros chefs más internacionales, José Pizarro, y entre los galardonados con el Premio Especial, el Príncipe Carlos. Además, Fortnum’s no solo permanece en Picadilly: dos de las presencias más sonoras de los últimos tiempos son la impresionante barra que luce en The Royal Exchange, el icónico edificio que albergaba la antigua bolsa, y la tienda-restaurante en la estación de King Cross & St. Pancras.
Con la gama de productos Fortnum & Mason distribuida en exclusiva en el Club del Gourmet, se ofrece una introducción a los sabores y aromas de este icono. Básicos como sus famosos tés, infusiones, galletas o mermeladas componen una suculenta oferta para, si no vamos al propio Fortnum & Mason a tomar un afternoon tea, sí para degustarlo confortablemente en casa
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