Gillardeau, tesoros del mar
Con más de un siglo de oficio a sus espaldas, la saga Gillardeau se ha labrado la reputación de ofrecer las mejores ostras del mundo. Sus piezas son extraordinariamente delicadas, carnosas, con una textura y sabor difíciles de igualar, algo que las ha colocado en la carta de los restaurantes más lujosos de los cinco continentes. Ubicada en Marennes-Oléron, la zona privilegiada de Francia para el cultivo de este manjar, la empresa familiar debe su éxito al trabajo manual y minucioso, heredero de una tradición que se remonta más de cien años atrás y que apenas ha cambiado. Frente a las tentaciones de la industrialización, la casa continúa apostando por una producción limitada que garantice la excelencia.
Detrás de cada ostra Gillardeau se esconde un esmerado proceso de cultivo que se prolonga durante cuatro años y que implica 60 fases de trabajo artesanal. Más de un centenar de personas se encargan de cambiar cada ejemplar de posición dos veces al día según las mareas, de trasladarlo a diferentes parques marinos para garantizar su óptimo desarrollo, de despojarlo de conchas parasitarias o de limpiarlo cuidadosamente a mano. El resultado es un producto delicioso, capaz de brindar los matices del mar como pocos, que además presume de ofrecer un tamaño superior a la media. Gillardeau se ocupa de cultivar pocas ostras en mucho espacio para que puedan crecer a sus anchas. Sin duda, quienes las busquen en el Club del Gourmet en El Corte Inglés, donde están a la venta, notarán la diferencia. Bocado sofisticado donde los haya, las ostras Gillardeau apenas necesitan aderezos para servirse en la mesa. Basta con presentarlas abiertas sobre una cama de hielo picado o de sal en escamas con un poquito de limón y un toque de pimienta para que su sabor se revele en toda su potencia.
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