Guisantes y habas Aroa
El Guisante Lágrima de Costa Aroa es único. Presenta un color verde brillante, una textura fuerte y, cuando lo muerdes, su sabor a naturaleza pura explota en la boca como si fuese una bola de caviar.No resulta extraño, por lo tanto, que entre los restaurantes que lo sirven sumen 40 Soles Repsol y 35 estrellas Michelin. Además de ser un producto rabiosamente fresco, que debe consumirse antes de seis días, este diamante gastronómico cuenta con un ADN único que lo hace irrepetible. Su historia se remonta a la Belle Époque, más de un siglo atrás, cuando la costa guipuzcoana era el destino elegido por la burguesía europea para pasar sus vacaciones. Fue el séquito de la reina Fabiola de Bélgica quien llevó la semilla del Guisante Lágrima hasta Getaria, la localidad junto al mar donde se asienta la pequeña explotación agraria Aroa. Los cocineros que venían con ella regalaron un par de granos a los antepasados de Jaime Burgaña, hoy al frente de la casa, y les enseñaron a cultivarlos. Durante los 120 años que la semilla ha estado en manos de la familia, ha conseguido adaptarse al litoral cantábrico, ofreciendo además en sus frutos un toque de salinidad que los hace inimitables.
Además, el Guisante Lágrima de Costa Aroa, que se cosecha desde marzo hasta mediados de junio, se recoge a mano todos los días, se selecciona cuidadosamente en el obrador y se limpia de tal manera que al final del proceso queda sólo una pepita de oro puro. Basta atemperarlo con cuatro gotas de aceite o verterlo en un caldo templado para que resulte exquisito, aunque también puede acompañarse al gusto. Sinónimo de alta cocina, el Guisante Lágrima de Costa puede adquirirse, por encargo, en algunas tiendas Club del Gourmet en El Corte Inglés, donde Aroa ya comercializa desde hace diez años sus deliciosos Pétalos de Habas, a los que también aplica una producción sostenible y respetuosa con el medio ambiente.En este caso, el producto se limpia meticulosamente a mano para ofrecer únicamente el corazón tierno del vegetal, que después se confita y se envasa. Para disfrutar su sabor, únicamente hay que templar un poco los pétalos en la sartén, aunque resultan igualmente sabrosos con unas virutas de jamón o unas yemas de huevo.
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