Portugal da la lata
Desde hace décadas, es uno de los placeres enlatados más prestigiosos del mundo. Incluso, hay quienes se atreven a equiparar las Conservas Comur con las mejores botellas de vino, pues sus añadas son guardadas con esmero año a año. Todo con la esperanza de que el tiempo convierta su interior en una exquisitez aún mayor. Entre latas y aliños, la sardina es la reina, y el aceite de oliva, su fiel acompañante. Pero esta joya del mar, desde hace años, no está sola. El secreto lo guardan bajo llave en esta empresa portuguesa, que nació en la localidad costera de Murtosa (en las estribaciones de la ría de Aveiro, en el centro del mapa del país) hace casi ochenta años y que ha llegado hasta nuestros días convertida en referente del sector, gracias a su saber hacer y a su constante innovación.
En 1942 se inicia la explotación de una pequeña fábrica, dedicada a la exportación de conservas de anguilas, que pronto ampliaría su radio de acción a otro tipo de pescados. Esa faena diaria, enfocada hacia los más altos estándares de calidad y excelencia, la ha llevado a convertirse en una de las conserveras más reputadas del país vecino, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Sus latas, con un sello fácilmente reconocible, han hecho que, a día de hoy, el mar portugués esté al alcance de cualquiera. En todos sus platos y en cada bocado.
De eso se han encargado en Comur, donde la mayor parte de sus pescados –excepto especies muy concretas– proceden de su costa. Basándose en la calidad del producto de su tierra, han puesto también el foco en otras preparaciones. Así, han ampliado el portafolio con una sorprendente variedad: corvina, besugo, bacalao, lubina, salmón, calamares, pulpo, mejillones, conchas y camarones. ¡Ah¡ y dos opciones vegetarianas hechas de cereales y legumbres: bolas de avena y buñuelos de grano con zanahoria.
Entre los productos más vendidos de la compañía están las sardinas con pimientos, el bacalao al horno, el pulpo y los mejillones ahumados, una de sus estrellas. “Somos una de las pocas conserveras de Europa que dispone de unidad de ahumados en sus instalaciones”, cuenta Ângela Fernandes, coordinadora de Comunicación y Merchandising Visual de la marca. Ello les permite transmitir realmente el sabor que le otorga la quema de la madera de olmo. Con la innovación por bandera –el diseño de sus envases llama la atención tanto como la creación de nuevas recetas–, las diferentes conservas que se trabajan en Comur son el resultado de un trabajo manual preciso y meticuloso.
Desde la preparación, que varía según el tipo de pescado, hasta el enlatado y llenado, en el que se colocan de forma minuciosa cada uno de los productos del mar, se atisba el idilio permanente entre presente y pasado, uno de los éxitos de esta fábrica. Toda una declaración de intenciones en la que el diseño también se reivindica en sus coloridos y curiosos envases, fácilmente reconocibles.
DEL MAR AL MUSEO
Desde el punto de vista económico y social, es tal el significado para el país de esta conservera que cuenta con un museo propio. Abierto en 1997 y ubicado en la antigua fábrica de Aveiro, sus salas se consagran a la historia de la marca, desde su aparición en los años 40 hasta el impacto que supone a día de hoy en la región. A lo largo de este recorrido, el visitante descubre todo el proceso de producción, desde la llegada del pescado a puerto hasta que se envían sus populares y reconocibles latas, además de la evolución del negocio con el tiempo. Toda una lección de sabrosa historia que se escribe día a día con el sabor de sus elegantes conservas.
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