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Sicilia por un tubo

Crujientes cañas rellenas de chocolate, pistacho, limón o almendras. La tentación con la que Fratelli Sicilia zanja el debate de la sobremesa: definitivamente, hay que dejar hueco para el postre.
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Los cinéfilos que siguieron las conjuras de la saga El Padrino quizá recuerden cómo muere Don Altobello, mientras contempla la obra Cavalleria Rusticana y come un cannoli envenenado. Este dulce típico siciliano, en forma de caña rellena de crema, también fue protagonista de una frase que quedó para la posteridad: “Deja el arma y toma los cannoli”. Porque si hay algo típico en los hogares sicilianos es disfrutar de estos dulces como postre, que ahora llegan de la mano de la pastelería Fratelli Sicilia.

“El cannoli típico siciliano, la receta original que se encuentra en las pastelerías, se hace con una masa de harina, agua y huevo que puede ser frita u horneada”, explica Marcello Cirrincione, responsable comercial de Fratelli Sicilia en España. Luego, “esa caña se rellena con requesón de oveja azucarado, espolvoreado de pequeñas pepitas de chocolate o piel de naranja”, explica sobre las versiones más tradicionales de este dulce.

Sin embargo, Fratelli Sicilia ha ido más allá y los ha rellenado también de diferentes cremas. Pistacho, limón, chocolate o almendra confluyen en una “espuma suave y ligera en el paladar, que no empalaga y se deshace en una explosión de sabor”, narra Cirrincione.

 

En los cannoli confluyen dos realidades en el mismo bocado. Por un lado, la textura crujiente de la masa, mejor cuanto más fina y delgada, y el estallido de sabor del relleno, que en este caso además también aporta los matices del propio pistacho en polvo, del chocolate molido o de esas crocantes almendras.  En cuanto al purismo siciliano, una nota: el cannoli no se suele acompañar con café, té o chocolate. Mucho menos sumergirlo a modo de churro, pero —sin que Italia nos oiga— también va de maravilla ser un poco sacrílego.  

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