La Trenza de Almudévar, un hojaldre para no dejar de dar vueltas
de la gastronomía aragonesa.
Hay dulces que se comen y otros que se recuerdan para siempre, como la emblemática Trenza de Almudévar. Una pieza de hojaldre brillante y dorada que, en apenas cuarenta años de vida, se ha ganado un lugar en la memoria colectiva de medio país. Muchos la han intentado replicar, pero no todos logran igualar su carácter.
Detrás de este icono está Pastelería Tolosana, una empresa familiar del pueblo oscense que da nombre a la trenza, en la que conviven sin fricciones lo de siempre y el futuro. La artesanía ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia.
Todo comenzó en 1933, cuando la familia Tolosana abrió un pequeño horno en el que se cocía el pan que amasaban los vecinos de Almudévar. En los años cincuenta, la segunda generación amplió el negocio con su propio pan y repostería tradicional, siempre fiel a las recetas de la zona.
El gran salto llegó en los años ochenta, la década de la trenza, cuando Luis y Jesús, la tercera generación, entendieron que honrar y perpetuar el legado familiar no implicaba quedarse quietos. Apostaron por nuevas técnicas, por una creatividad medida y por una innovación que nunca traicionara el alma del obrador.
De ese equilibrio nació su obra maestra: la Trenza de Almudévar. La receta, aseguran, es la auténtica. Masa madre, una yema especial, nuez nacional, pasas sultanas maceradas en ron durante 48 horas, almendra de primera calidad y una glasa fina que aporta un crujido delicado.
Todo elaborado con ingredientes naturales, sin aditivos, como certifica el sello C’Alial del Gobierno de Aragón. Pero el secreto no está solo en la fórmula, sino en el tiempo. Cada trenza requiere 72 horas de trabajo: fermentaciones lentas, reposos precisos, un hojaldrado paciente y una cocción que despierta todos los aromas. “Es un proceso largo y delicado, pero imprescindible para conseguir un producto único”, explican.
Aunque la Trenza siga siendo la niña bonita de la casa, la tentación no termina ahí. El bombón K Puchino, reconocido como el segundo mejor de España en 2025; las Pastas Namasté, elegidas mejor pasta de té de Aragón en 2024; los croissants rellenos de nata o crema, y las Medidas de chocolate –una deliciosa reinterpretación de la tradicional Medida de la Virgen de Zaragoza– completan un catálogo donde también brillan sus panes artesanos, elaborados para devolver al pan la dignidad que merece.
10 cafés que son perfectos para acompañar los dulces navideños y que no deben faltar en tus sobremesas
Forn Mariu, un obrador con cariño y harina del mismo costal
Con mucha miga
Los mejores regalos gourmet para triunfar en San Valentín
